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Asociatividad empresaria en el rubro tecnológico

Asociatividad empresaria en el rubro tecnológico

Por Lucía Togel

junio 13, 2019 8:27 pm

Córdoba, Argentina

Muchas cámaras, instituciones,  organismos públicos y privados enuncian entre sus postulados el apoyo a la asociatividad empresarial como una herramienta clave para la generación de escala y competitividad.

Ahora bien, si comenzamos a analizar nos encontramos con diferencias de criterios en cuanto a qué encierra el término asociatividad, cómo llevarlo a la práctica, cómo desarrollarlo y esa es una de las razones por la cual los presupuestos asignados a subsidios para alentar la formación de grupos asociativos o impulsar su crecimiento e internacionalización, en general, se encuentran sub-ejecutados.

Conceptualmente “la asociatividad empresarial es la unión de voluntades, iniciativas y recursos por parte de un grupo de empresas, alrededor de objetivos comunes”.

Desarrollar un grupo asociativo implica trabajar cooperativamente, en alianza, en conjunto, lejos de resultados cortoplacistas pero sin dejar de lado la concreción de las metas planteadas que contribuyan a mejorar la situación de cada uno a través del desarrollo del conjunto.

Respecto al segmento Pyme en Argentina, corresponde a uno de los mayores motores de la economía y generación de puestos de trabajo y para hacer posible esta sinergia, necesitan revertir sus deficiencias.

Todas ellas son absolutamente salvables y superables, sólo falta poner en práctica procesos de estandarización y profesionalización que mejoren la eficiencia y aumente la competitividad de sus productos y servicios.

Para hacer posible esta práctica primero se deben fijar criterios específicos que respondan a intereses de la propia empresa. Definir conceptos tan fundamentales como visión, misión, capacidad estratégica, estudio del contexto y mercado en el que está inmersa la empresa, con qué innovación tecnológica cuenta (o de cual carece, para poder contar con los servicios de dichos aliados estratégicos) políticas internas de capacitación, organigramas de trabajo y fijación de objetivos medibles a corto, mediano y largo plazo.
Una vez en claro esos conceptos y contestadas las preguntas que dan forma al plan de negocios inicial, se puede hablar de los beneficios que trae la ejecución de asociatividad empresaria.

Algunos de ellos son:

Reducción de costos: aquello que no puedo hacer por mis propios medios (por falta de recursos humano, materiales o espacio temporales) puede hacerlo algún colega, y al mismo tiempo, puedo brindar mi servicio diferencial a aquel que no cuente con eso.

Incremento de la capacidad de producción: De esta manera se puede acceder a requerimientos que de otra manera, se deberían rechazar por no poder cumplimentar los factores de escala.

Establecimiento de canales propios de marketing y comercialización: Las tareas vinculadas a los servicios de soporte son más efectivas si se realizan dentro de un marco asociativo que permita a los prestatarios del servicio tener una previsibilidad de requerimientos que establecer áreas sin la profesionalización adecuada o requerir servicios eventuales sin continuidad.

Fortalecimiento de la capacidad de negociación: La fortaleza de la asociación queda rápidamente puesta de manifiesto con el incremento del poder negociador con clientes y proveedores.

Mejor posicionamiento frente a la globalización: Frente a la llegada de empresas multinacionales con fuertes presupuestos y agresivas políticas comerciales, una sana asociatividad permite una mejor visibilidad ante los potenciales clientes.

Armado de cadenas de valor horizontales y verticales: La concurrencia de capacidades y competencia permite generar una oferta que satisfaga integralmente los requerimientos de los usuarios.

Éstos son sólo algunos de los factores que se ven beneficiados al momento de concretar planes de acción entre empresas.

Es fundamental conocer primero los alcances y limitaciones de nuestra propia empresa para luego poder realizar una retroalimentación positiva con los colegas, en la cual se de un intercambio proactivo y una relación de ganar-ganar, siempre en pos del beneficio y satisfacción integral del usuario, y de todos los intermediarios involucrados.

Fuente: iProfesional